Minimalismo y vida nómada

Una historia de volver a casa con menos

Mi punto de partida: cuando soltarlo casi todo me hizo sentir libre

En una terraza de la plaza del Sol, copa en mano, me salió solo: “Me vendré a vivir aquí”. No sabía el cómo ni el cuándo, pero sí que algo en mí había cambiado de sitio. Trabajé duro desde muy joven con una idea fija: darle a mis hijos “el mundo entero”. Lo logré: el dinero dejó de ser un problema, pero yo seguía vacía. Tras 20 años —15 muy duros y 4–5 de disfrute— decidí buscar mi lugar. En 2016, de vacaciones en Madrid, lo sentí claro.

De vuelta a casa empezó la mudanza interior: dejé negocio, piso, coche y esa montaña silenciosa que se acumula sin darnos cuenta. Regalar y vaciar me mostró lo obvio: usamos menos de lo que poseemos. Me traje solo tres maletas y, por primera vez, sentí ligereza. Ahí empezó mi minimalismo real: entender que no necesitas tenerlo todo para sentir que lo tienes todo. Desde entonces, vivir con lo justo me calma, me ordena y me acerca a lo que persigo: ser nómada digital y, algún día, viajar con una sola maleta de cabina.

Si el minimalismo te intimida, respira: no es lo que te han contado

El minimalismo no es una casa blanca sin alma ni una estantería con tres objetos “instagramables”.
No es pobreza disfrazada ni un reto de aguantar con lo mínimo “por orgullo”.
No es un club exclusivo de gente ordenada por naturaleza.
No es eficiencia fría ni productividad a cualquier precio.

Para mí, el minimalismo es una pregunta que repito con honestidad: ¿qué me sostiene de verdad?
Lo demás, con respeto, se va. No por odio a las cosas, sino por amor al tiempo, a la energía y a la paz.

En una frase: minimalismo = menos ruido, más sentido.

Lo que descubrí al vaciar

Vaciar no fue épico; fue incómodo. Aparecieron miedos: “¿y si algún día lo necesito?”, “¿y si me arrepiento?”, “¿quién soy sin esto?”. Aprendí que soltar duele porque una parte de nuestra identidad se pega a los objetos. Pero también pasó algo simple y profundo:

  • Cuando baja el ruido, aparece tu voz.
  • Cuando hay menos que mantener, hay más espacio para vivir.
  • Cuando tu mundo cabe en poco, moverte deja de ser amenaza y se vuelve posibilidad.

No romantizo el camino: fue durísimo. Dos niños, otro país, cero atajos. Y, aun así, guardo como un faro aquella sensación de ver mi vida reducida a tres maletas y sentir que, por fin, respiraba.

Minimalismo no es “tener poco”, es “dejar espacio”

Espacio para jugar con tus hijos.
Espacio para una conversación sin prisa.
Espacio para equivocarte y volver a empezar.
Espacio para escuchar lo que pides en secreto cuando soplas las velas.

Con el tiempo afiné la búsqueda: ya no quiero una casa llena de “por si acaso”. Quiero una vida que sepa viajar. No porque odie las casas, sino porque amo la posibilidad de moverme con lo que me sostiene. Para mí, hoy, el símbolo es claro: una maleta de cabina. No como regla rígida, sino como brújula. Si no cabe, me pregunto: ¿de verdad lo necesito? Y, sobre todo, ¿de verdad me sostiene?

Y la vida nómada, ¿dónde entra?

El minimalismo no es el destino; es el camino que hace posible la vida que quiero: moverme. Trabajar con mi portátil, dormir en ciudades nuevas, llevar conmigo rutinas que no pesan. No para huir, sino para acercarme a lo que me enciende: calma, curiosidad, creación.

Quiero que Vivir Ligera sea ese lugar donde recordemos que no necesitas tenerlo todo para sentir que lo tienes todo. Que la abundancia no se mide en objetos, sino en momentos con sentido. Que una casa puede estar llena y, aun así, tú sentirte vacía. Y que una maleta pequeña puede contener una vida entera si lo que guardas son cosas que de verdad te sostienen.

Si esto te resuena

Hoy no te doy una guía ni una lista de pasos. Eso vendrá después, cuando toque.
Hoy solo quería contarte por qué empecé y qué cambió cuando elegí viajar con menos.
Si esta forma de mirar te acompaña, quédate cerca. Pronto compartiré mis diarios de ruta, mis dudas y mis pequeñas victorias —sin ventas ni promesas vacías.

Vivir Ligera es, ante todo, un sitio para respirar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *